Pedro Conde Sturla

Apesar de los reveses iniciales, los cristeros se fueron organizando y multiplicando y ganando fuerzas, crearon en los campos y en los pueblos una amplia base popular que les permitió consolidar un movimiento guerrillero rural y urbano, una milicia que se extendió por buena parte del territorio mexicano. De hecho, los cristeros crecieron hasta el punto de que en algún momento pretendieron ser reconocidos como bando beligerante legítimo, no como simple movimiento insurreccional. Pretendieron, en efecto, tomar el control de ciertos territorios y lograr reconocimiento internacional, pero este proyecto no prosperó. Sin embargo, para el año de 1928 contaban con unos veinte y ocho mil hombres bajo las armas.







