ÍNDICE

viernes, 27 de febrero de 2026

El llano en llamas y la Guerra de los Cristeros (3). La batalla de San Julián

Pedro Conde Sturla

Apesar de los reveses iniciales, los cristeros se fueron organizando y multiplicando y ganando fuerzas, crearon en los campos y en los pueblos una amplia base popular que les permitió consolidar un movimiento guerrillero rural y urbano, una milicia que se extendió por buena parte del territorio mexicano. De hecho, los cristeros crecieron hasta el punto de que en algún momento pretendieron ser reconocidos como bando beligerante legítimo, no como simple movimiento insurreccional. Pretendieron, en efecto, tomar el control de ciertos territorios y lograr reconocimiento internacional, pero este proyecto no prosperó. Sin embargo, para el año de 1928 contaban con unos veinte y ocho mil hombres bajo las armas.

viernes, 20 de febrero de 2026

El llano en llamas y la Guerra de los Cristeros (2)

Pedro conde Sturla 

El gobierno de Plutarco Elías Calles (un jacobino y ateo según las malas lenguas), no les dio en principio mayor importancia a las protestas y levantamientos que, contra la aplicación de las radicales leyes anticlericales, se produjeron en varios lugares del país. Todos fueron sofocados sin mayor esfuerzo en una primera etapa del conflicto.

viernes, 13 de febrero de 2026

El llano en llamas y la Guerra Cristera

Pedro Conde Sturla

Pocos acontecimientos han sacudido a México de manera tan brutal como la Guerra Cristera o de los Cristeros, la también llamada Cristiada, cuyo escenario principal fue el estado de Jalisco y los de la región del Bajío, el centro y el oeste de México.

Fue más bien una procesión de guerras y calamidades: una guerra a la que sucedió otra guerra a la que siguió una tercera, que se remontaban a otra.

Primero, una guerra devastadora, la de la Revolución Mexicana (1910-1917), que dejó un país en ruinas y un millón de muertos, quizás mucho más, porque a la guerra se sumaron el hambre, pandemias y enfermedades que causaron más víctimas que las balas. Después de la revolución vino la Guerra de los Cristeros (1926-1929), con un saldo estimado en doscientas cincuenta mil bajas. A ésta siguió una segunda parte de menor intensidad, la segunda Cristiada (1934-1941. Ambas tenían su origen en la Guerra de la Reforma (1858-1861), en un largo y amargo conflicto entre el estado y la iglesia católica.

sábado, 7 de febrero de 2026

¡Por favor, diles que no me maten!

 Pedro Conde Sturla

El papá de Justino no quería que lo mataran. Le pedía al hijo, a Justino, que les dijera que por caridad no lo mataran.

El hijo se muestra reacio.

“-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti».
El papá insiste, ruega cada vez con mayor vehemencia.

«-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.
»”-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

sábado, 31 de enero de 2026

La tierra que nos han dado

Pedro Conde Sturla

«Nos han dado la tierra», una de las diecisiete narraciones de «El llano en llamas», empieza al igual que otras como con un cansancio y un desgano, casi como sin deseo de empezar. Empieza con campesinos empobrecidos, pobres por definición, que han venido caminando desde el amanecer hasta las cuatro de la tarde.  Caminando y caminando bajo un sol inclemente y un calor que raja las piedras, sin ver ni sombra de lo que buscan, hasta que alguien luego oye ladrar los perros:      

viernes, 23 de enero de 2026

Desolación de las comadres

Pedro Conde Sturla 

Desolación es la palabra que preside el sombrío universo de Juan Rulfo, un escritor que es, como pocos, indisociable de su obra. Juan Rulfo nació en 1917, en Apulco, uno de los lugares en el que tienen origen sus historias, en el sur de Jalisco y el norte de Colima, dos estados fronterizos castigados por la revolución y las guerras cristeras que azotaron la región entre 1910 y1929. El escenario de «El llano en llamas» es el mismo en que ocurre el traumático asesinato de su padre en el en 1923, cuando Rulfo apenas contaba con seis años de edad. Las llamas que esa noche iluminaron el llano eran de las teas o antorchas de los cientos de personas que vinieron de noche por el llano del pueblo de Apulco, en Jalisco, a congregarse en el sepelio. Pero no solamente el llano, sino toda la región estaba en llamas.

miércoles, 21 de enero de 2026

México en llamas

PedroConde Sturla
Se han cumplido ya más de cien años del nacimiento de Juan Rulfo y todos sus muertos siguen vivos. Yo estudiaba en Monterrey cuando emprendí aquel viaje alucinante hacia “El llano en llamas” y el desolado “Pedro Páramo”. El hecho de vivir y conocer un poco a México me permitió apreciar la esencia, la autenticidad del paisaje, los variados matices de la oralidad literaria tan característica de su obra.
Lo primero que llama la atención es la densidad poética que invade todas las narraciones de Rulfo, la prosa poética cincelada y perfecta, “sombríamente poética”, la amargura existencial de tantos personajes derrotados por la vida y las circunstancias, la fuerza telúrica sobre la que se sostiene todo el entramado, la que da vida y muerte a todos los muertos vivos y vivos muertos que desfilan por el escenario. Ese difícil escenario en que a veces se hace difícil o imposible distinguir a unos de otros. El típico escenario rulfesco.

EL INFIERNO Y OTROS INCENDIOS

11 noviembre, 2017
El receloso Borges se sentía como pez en el agua cuando se sumergía en las páginas de la sombría “comedia” de Dante, que leyó y releyó en múltiples versiones durante casi toda su vida. Algún placer parecido le proporcionaban “El llano en llamas” y en particular “Pedro Páramo”, la obra cumbre de Juan Rulfo, si acaso no lo son ambas.

martes, 20 de enero de 2026

Nam Chevalier, Pasión analítica: Los cuentos negros de Pedro Conde Sturla


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Con relativa frecuencia algún escritor dominicano da a conocer una nueva obra literaria. En la mayoría de los casos se trata de libros que caen en el olvido, no sólo por falta de público lector sino (especialmente en el caso de nuestra narrativa) por falta de calidad, de la magia necesaria para atrapar al lector. La experimentación desmedida, la poetización exagerada de lo narrado en detrimento

de la acción, también suelen acribillar la narración. Historias en las que no ocurre absolutamente nada, malas adivinanzas, parafraseo de libritos de historia, de eso está llena la actual narrativa dominicana.

Resulta agradable la lectura de un libro bien escrito, en el que los procedimientos técnicos y recursos formales son un medio para

que lo narrado resulte no sólo verosímil sino además interesante.

Esto es lo que sucede con Los cuentos negros del narrador y crítico

literario Pedro Conde Sturla (San Francisco de Macorís, 1945).

Libro encantador, capaz de generar el asombro que acompaña

a toda buena narración. Sus personajes, a veces tomados de una

realidad tan cercana y conocida como el Palacio de la Esquizofrenia

y la Zona Colonial de Santo Domingo, nos resultan entrañables y

marcados por una fantasía delirante.

viernes, 2 de enero de 2026

¿Cuánta tierra necesita un hombre? (3 de 3)

Pedro Conde Sturla

Pahom, el protagonista del cuento de Tolstoi, no lo podía creer. La tierra se vendía a mil rublos por día, todo lo que podía caminar en un día le pertenecería a cambio de mil rublos con la condición de que estuviera de regreso el mismo día. Sólo tenía que caminar medio día y desandar el camino en el mismo tiempo. Pero la ambición lo perdería, como perdió a las hordas de Hitler. Dicen que la historia es autobiográfica, que Tolstoi había adquirido unas tierras a precios casi irrisorios y sentía remordimiento de conciencia. Lo cierto es que por alguna razón quiso escribir esta narración aleccionadora. La del hombre que nunca se conforma con lo que alcanza, al que le sobra de todo y siempre quiere más, el codicioso, el que no es capaz de disfrutar lo que tiene. Como dice el refrán, lo mucho se vuelve poco con solo desear un poco más. Pero en la pluma de Tolstoi, con sus altos y bajos relieves, adquiere otra dimensión, una capilaridad sicológica que penetra el alma del personaje y de los lectores, que nos hace participar con Pahom de la intensidad de sus emociones.