ÍNDICE

martes, 15 de mayo de 2018

UN REBELDE LLAMADO PINOCHO (1-3)

Pedro Conde Sturla

(1)

Dicen que se llamaba Carlo kilornchiño Filippo Giovanni Lorenzini, fue escritor y soldado, como el autor de “Corazón”, y vivió en Italia entre 1826 y 1890. Con esa retahíla de nombres, que más bien parecen una broma de mal gusto, creció y se multiplicó y sobrevivió de alguna manera a dos guerras. Para darse a conocer como escritor tuvo que utilizar el seudónimo de Carlo Collodi o simplemente Collodi, “referencia al pueblo de la Toscana donde nació su madre”.
No es un desconocido, ni siquiera para los que creen que no lo conocen. Es el autor de “Las aventuras de Pinocho”, de un personaje archifamoso, celebérrimo, amado y celebrado en casi todas las latitudes. Un rebelde llamado Pinocho.
“Fue publicado en Italia en el periódico ‘Giornale per i bambini’ (‘Periódico para los niños’) desde 1882 hasta 1883, con el título ‘Storia di un Burattino’ (‘Historia de un títere’), ilustrado por Enrico Mazzanti, y es una de las obras más leídas a nivel mundial. Así pues, cuenta con traducciones a más de doscientos cincuenta idiomas y dialectos, incluyendo al sistema de lectura braille. La obra también se ha convertido en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. Desde su primera publicación, la novela ha dado lugar a diversas adaptaciones a lo largo del tiempo, entre las que se incluyen grabaciones de audio, obras de teatro, películas, ballets y obras de ópera”.
Resultado de imagen para Carlo Collodi, por Komiotis
Carlo Collodi, por Komiotis
Los libros, casi todos los libros tienen una zurrapa ideológica, incluyendo los libros de literatura infantil. Algunas de las más famosas obras del género (“Caperucita”, “El pájaro azul”, “La bella durmiente”, “Corazón”, “Alicia en el país de las maravillas”, “El principito”, “El amante de Lady Chatterley”) dicen mucho más de lo que el título anuncia. Contienen a veces peligros o advertencias que se ocultan detrás de toda lectura inocente.
“Lo curioso y que muchos no saben es que Carlo Collodi no se había propuesto a hacer un cuento infantil inicialmente y le había dado otro final a su historia. En la versión original tenía previsto finalizar su novela en el capítulo XV con Pinocho  ahorcado por sus innumerables faltas y sólo en versiones posteriores la historia obtendría su famoso final en el que la marioneta se convierte en un niño de verdad. Llegó incluso a escribir el cruel desenlace: ‘No tuvo fuerzas para decir nada más. Cerró los ojos,  abrió la boca, estiró las piernas y, dando una gran sacudida, se quedó tieso’. Horrorizado, su editor le obligó a suprimir ese  pasaje y a escribir otros veinte capítulos de carácter más infantil.
“No es extraño un final tan agresivo, puesto que Carlo Collodi era amigo de las fiestas y amante de las mujeres, y también un anticlerical contumaz.
“Con todo, la obra fue también objeto de críticas y censuras, pues presentaba a un niño mentiroso y travieso, quizás una  proyección del propio  Collodi. Sin ir más lejos, en Estados Unidos se publicó una versión de Pinocho más moderada y políticamente correcta”.    
El origen de Pinocho se remonta al día en que “el carpintero maese Cereza encontró un trozo de madera que lloraba y reía como un niño”. Su historia es tan curiosa como divertida:
“Pues, señor, es el caso que, Dios sabe cómo, el leño de mi cuento fue a parar cierto día al taller de un viejo carpintero, cuyo nombre era maese Antonio, pero al cual llamaba todo el mundo maese Cereza, porque la punta de su nariz, siempre colorada y reluciente, parecía una cereza madura. Cuando maese Cereza vio aquel leño, se puso más contento que unas Pascuas. Tanto, que comenzó a frotarse las manos, mientras decía para su capote:

Pinocho
“-¡Hombre! ¡llegas a tiempo! ¡Voy a hacer de ti la pata de una mesa!
“Dicho y hecho; cogió el hacha para comenzar a quitarle la corteza y desbastarlo. 
“Pero cuando iba a dar el primer hachazo, se quedó con el brazo levantado en el aire, porque oyó una vocecita muy fina, muy fina, que decía con acento suplicante:
“-¡No! ¡No me des tan fuerte!
“¡Figuraos cómo se quedaría el bueno de maese Cereza!
“Sus ojos asustados recorrieron la estancia para ver de dónde podía salir aquella vocecita, y no vio a nadie. Miró debajo del banco, y nadie; miró dentro de un
armario que siempre estaba cerrado, y nadie; en el cesto de las astillas y de las virutas, y nadie; abrió la puerta del taller, salió a la calle, y nadie tampoco. ¿Qué
era aquello?
“-Ya comprendo –dijo entonces sonriendo y rascándose la peluca–. Está visto que esa vocecita ha sido una ilusión mía. ¡Reanudemos la tarea!
“Después se puso a escuchar si se quejaba alguna vocecita. Esperó dos minuto y
nada; cinco minutos, y nada: diez minutos, y nada.
“-Ya comprendo –dijo entonces tratando de sonreír y arreglándose la peluca-.
“Está visto que esa vocecita que ha dicho ¡ay! ha sido una ilusión mía. ¡Reanudemos la tarea!
“Y como tenía tanto miedo, se puso a canturrear paca cobrar ánimos. Entre tanto dejó el hacha y tomó el cepillo para cepillar y pulir el leño. Pero cuando lo estaba cepillando por un lado y por otro, oyó la misma vocecita que le decía riendo:
“-¡Pero hombre! ¡Que me estás haciendo unas cosquillas terribles!
“Esta vez maese Cereza se desmayó del susto. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró sentado en el suelo.
“¡Qué cara de bobo se le había puesto! La punta de la nariz ya no estaba colorada; del susto se le había puesto azul.
“Entonces entró en la tienda un viejecillo muy vivo, que se llamaba maese Gepeto; pero los chiquillos de la vecindad, para hacerle rabiar, le llamaban maese Fideos, porque su peluca amarilla parecía que estaba hecha con fideos finos. Gepeto tenía un genio de todos los diablos, y además le daba muchísima rabia que le llamasen maese Fideos. ¡Pobre del que se lo dijera!
“-Buenos días, maese Antonio -dijo al entrar-. ¿Qué hace usted en el suelo?
“-¡Ya ve usted! ¡Estoy enseñando Aritmética a las hormigas!
“-¡Es una idea feliz!
“-¿Qué le trae por aquí, compadre Gepeto?
“-¡Las piernas! Sabrá usted, maese Antonio, que he venido para pedirle un favor.
“-Pues aquí me tiene dispuesto a servirle -replicó el carpintero.
“-Esta mañana se me ha ocurrido una idea.
“-Veamos cuál es.
“-He pensado hacer un magnifico muñeco de madera; pero ha de ser un muñeco maravilloso, que sepa bailar, tirar a las armas y dar saltos mortales. Con este
muñeco me dedicaré a correr por el mundo para ganarme un pedazo de pan y… un traguillo de vino. ¡Eh! ¿Qué le parece?
“-¡Bravo, maese Fideos! -gritó aquella vocecita que no se sabía de dónde salía.
“Al oírse llamar maese Fideos, el compadre Gepeto se puso rojo como una guindilla, y volviéndose hacia el carpintero, le dijo encolerizado:
“-¿Por qué me insulta usted?
“-¿Quién le insulta?
“-¡Me ha llamado usted Fideos!
“-¡Yo no he sido!”
Pinocho es un rebelde, un travieso incorregible, un mentiroso compulsivo, no es un conformista como el personaje principal de “Corazón”, no es un muchacho modelo, no es hijo de padres pudientes,  es hijo de la pobreza y la soledad, alguien que alguna vez desearía estar preso para poder comer:
“De vuelta maese Gepeto en su casa, comienza sin dilación a hacer el muñeco, y le pone por nombre Pinocho.
“La casa de Gepeto era una planta baja, que recibía luz por una claraboya. El mobiliario no podía ser más sencillo: una mala silla, una mala cama y una mesita
maltrecha. En la pared del fondo se veía una chimenea con el fuego encendido; pero el fuego estaba pintado, y junto al fuego había también una olla que hervía
alegremente y despedía una nube de humo que parecía de verdad”.

(2)

Las espeluznantes y espeleznudas aventuras y desaventuras de Pinocho componen un total de 36 capítulos que muestran al muñeco de cuerpo entero, pasan revista a una serie de personajes y lacras sociales y dan al conjunto una visión oscura, poco apacible del mundo, un mundo injusto en el que los ideales son puro espejismo y triunfa la ley del malvado: La dura escuela de la vida a la que asistió Pinocho.
El agraciado empieza a hacer travesuras desde que era un pedazo de madera, un tronco parlante que encuentra por casualidad el carpintero Cereza, al cual casi mata de un susto. Acto seguido provoca una agria discusión entre Cereza y su amigo Gepeto, que ha venido a visitarlo.

Pinocho ahorcado
A este último, que también es carpintero, obsequia Cereza el madero “para construir un muñeco maravilloso, que sepa bailar, tirar a las armas y dar saltos mortales”. Primero le pone nombre, le hace los cabellos y la frente, una nariz que no deja de crecerle. En cuanto le hace los ojos, Pinocho lo mira con descaro, cuando le hace la boca se ríe y se burla de él, le saca la lengua. Cuando le hace las manos le quita la peluca y se la pone en la cabeza, cuando le hace las piernas le da una patada en la nariz, cuando lo enseña a caminar escapa. El anciano Gepeto lo persigue, lo atrapa con ayuda de un carabinero y, al intentar castigarlo de manera ejemplar, el mismo carabinero se lleva a Gepeto a la cárcel.
Pinocho regresa solo a la casa, conoce a un grillo centenario que le da buenos consejos, le reprocha su mal comportamiento, Pinocho le arroja un martillo de madera y lo aplasta. Es un delincuente nato.
Pinocho sufre las punzadas del hambre y sale a pedir comida, pero sólo consigue agua, un cubo de agua que le echan generosamente encima en una noche gélida. El frío se suma al hambre, mete los pies en un brasero con buena lumbre para calentarse, se duerme, y amanece sin ellos.
Gepeto, regresa, lo reconstruye, le da los únicos alimentos que traía para desayunar, después de haber amanecido en prisión, vende su única chaqueta para comprarle un abecedario y poder mandarlo a la escuela. El delincuente juvenil vende  el abecedario “para ir a ver el pequeño teatro de las marionetas”, donde éstas lo reconocen como uno de los suyos. Cae en manos de Comefuego, el cruel titiritero, se salva de que lo echen al fuego y salva de la misma muerte a otro títere. Su primer gesto de altruismo.


Pinocho-Roberto-Innocenti
Después los acontecimientos precipitan en forma atropellada: “Comefuego regala cinco monedas de oro a Pinocho para que se las lleve a” Gepeto, “el Zorro y el Gato lo engañan para quitárselas,  diciéndole que hay un monte mágico donde el dinero crece si lo siembras”. “El Grillo que habla regresa y le dice a Pinocho que vuelva a casa y no se deje engañar”. “Pinocho, por no haber hecho caso de los buenos consejos del Grillo que habla, se encuentra con unos asesinos” que lo cuelgan de un árbol. Un hada lo salva, Pinocho dice mentiras y le crece la nariz, se vuelve a dejar engañar y robar por el Zorro y el Gato, denuncia el robo y lo meten preso, un campesino “le obliga a hacer de perro guardián en un gallinero”, “corre peligro de que lo frían en la sartén como pescado”, lo arrojan al mar, se ahoga y lo resucitan, se lo come un tiburón, salva a Gepeto de morir ahogado, promete ser un buen niño pero se escapa al país de los juguetes y se convierte en burro, alguien lo pone en venta, “quiere hacer un tambor con la piel”.
“Finalmente, en el capítulo XXXVI , Pinocho deja de ser una marioneta y se convierte en un niño”.
De las aventuras de Pinocho o Piñoncito existen versiones edulcoradas, sin garra, en las que todo se reduce a una simple moraleja, la historia de un Pinocho ligeramente descarriado y luego domesticado, recuperado, integrado, como el de la famosa película de Walt Disney, un Pinocho que ingresa al redil de la obediencia y las buenas costumbres, que se adapta al mundo real y se convierte seguramente en ciudadano modelo, posiblemente republicano o demócrata:
“Lo largo que es el cuento original de Carlo Collodi, narra excesivas aventuras negativas, pudiendo llegar a ser de difícil lectura. La versión original, como sucede en muchos cuentos clásicos, es un poco cruda y tenebrosa. Los cambios introducidos en la historia por Disney la hacen más apropiada para los niños de hoy día”.
Pinocho sería entonces simplemente “un excelente cuento, con un análisis educativo muy enriquecedor, centrado en los valores de la obediencia, la responsabilidad, la sinceridad y el amor, reflejo de los problemas generados por la falta de voluntad y el rechazo al estudio, al esfuerzo”.
Pinocho sería un “excelente cuento para enseñar a los niños valores como la obediencia, la generosidad y la sinceridad y el perdón. Nos ayuda a explicar a los niños las posibles consecuencias de sus actos. Refleja las dificultades en la relación padres-hijos. Muestra el valor de la buena conciencia, y la necesidad de cultivarla positivamente”.
Supuestamente “la adaptación del cuento de Carlo Collodi al cine fue realizada de forma magistral por Walt Disney, quién mantuvo la esencia del cuento, sólo haciendo unos pequeños cambios a la personalidad de Pinocho. La película de Disney, es uno de los más grandes de sus clásicos, y una obra maestra indiscutible de la animación”.
En realidad lo que hizo Disney fue tratar de despojar a Pinocho, “Las aventuras de Pinocho, de su mordacidad social,  pero hay, en esta obra, por suerte, muchas cosas no pueden integrarse al paisaje ideal de las buenas conciencias:
“Huelga decir que esta película es ahora un elemento básico en la cultura popular de hoy. ¿Cuántas personas no han visto esta película? Por otro lado, ¿cuántas personas son conscientes del significado subyacente del verdadero Pinocho? Detrás de la historia de la marioneta tratando de convertirse en un buen chico hay una historia espiritual profunda que tiene sus raíces en las escuelas de misterio y en el ocultismo. A través de los ojos de un iniciado, esta historia de niños acerca de ‘un ser bueno’ lleno de lecciones acerca de ‘no mentir’ se convierte en la búsqueda del hombre por la sabiduría y la iluminación espiritual. Los comentarios sociales brutalmente honestos de Pinocho representan una visión sombría de nuestro mundo moderno y establecen, tal vez, una manera de escapar de sus trampas. A través de los antecedentes del autor y referencias literarias, uno puede entender el sentido gnóstico oculto de Pinocho”. (Infoguerra, “La interpretación esotérica de Pinocho”).
En la menos conocida e incomparable versión cinematográfica de Luigi Comencini (un “serial televisivo” de 1972),  Pinocho no es una marioneta sino un niño que se convierte en marioneta cuando dice mentiras, pero es siempre un rebelde, un desobediente. He aquí la verdadera naturaleza del genial personaje de la obra maestra de Collodi:
“Pinocho siempre desobedece: al desobedecer suceden demasiadas cosas terribles y estupendas: Pinocho no sabe desobedecer a la desobediencia. No desobedecer significa sumergirse en el ominoso anonimato de los comunes mortales: de un largo año en que Pinocho se porta bien -como de sus cuatro meses transcurridos en prisión- no hay nada que decir, salvo eso. La obediencia es incompatible con su historia. En términos literarios, su historia es siempre la historia de una desobediencia; supone un error, una deserción a la norma, una condición patológica”. (Guillermo Piro “Pinocho y Collodi”).

 (3)

De acuerdo con Araceli Scherezada Martínez, las aventuras de Pinocho son el símbolo de “un viaje hacia lo humano” a través una serie de cambios que implican “una pequeña muerte”,  varias muertes y renacimientos:
 “…la mariposa guarda en su transformación la pérdida de una oruga, así que en el viaje hacia la metamorfosis se tendrá que dejar algo de uno mismo o del entorno, como es el caso del títere de Collodi, quien transmuta varias veces: de leño en títere, de muñeco en asno, y finalmente, de marioneta en niño de carne y hueso.
“Pinocho se nos presenta desde el inicio de la historia como un leño con voz de niño, nada más y nada menos que el impulso de lo que tenderá a brotar desde lo informe para encontrar su propia forma, por ello sólo podrá aspirar al descubrimiento del mundo y de sí mismo”.
Por lo que puede verse, Pinocho es algo más que una fábula para niños o, mejor dicho, las llamadas fábulas y cuentos infantiles son siempre más que fábulas o cuentos. De hecho son poderosos mecanismos de regulación social que, como toda la cultura y el arte, incluyendo las tiras cómicas, juegan un papel esencial  en la formación de la conciencia de una comunidad o pueblo, reproducen valores y antivalores del sistema, cualquier sistema, y generan conformismo o rebeldía, seres apocalípticos, o integrados. Pinocho no forma parte de los conformistas e integrados:
“Pinocho es un muñeco que esconde una piel humana, y para llegar a ella no hay otra opción que ir aprendiendo con cada aventura, la tensión de la muerte y la resolución de la prueba, la continuación del viaje. No cabe duda de que Pinocho siempre se debate entre dos fuerzas: o se vuelve un niño bueno o transgrede las normas”.
 “El viaje de Pinocho es el viaje (…) de ese que se construye a cada instante, el que pone en juego todas sus habilidades y debilidades para, a fin de cuentas, descubrirse a sí mismo, son sus elecciones las que lo transforman en algo extraordinario, otorgándole la libertad que da todo descubrimiento de uno mismo. Pinocho experimenta la realidad y es perseguido por los asesinos, arrestado, convertido en asno, tragado por una ballena… para finalmente ser transformado en niño de verdad. Así, el personaje se desprende del rígido cuerpo de madera para apropiarse de la piel y de la conciencia, pues ya ha vivido lo suficiente como para dejar atrás la infancia, ese sueño que muere una vez que llega la conciencia, la asunción de decisiones y la elección que trae consigo la verdadera madurez.
“En conclusión, Pinocho no puede ser un niño de verdad sin haber cometido errores, sin haber probado todas y cada una de las aventuras y obstáculos que las circunstancias le presentaron. Solo así era posible la metamorfosis física y psíquica del personaje. Para Pinocho, como para cualquiera en el mundo, la vida es un recorrido hacia la propia transformación en la búsqueda de la verdadera identidad”. (Araceli Scherezada Martínez, “El viaje de Pinocho hacia lo humano”).
Guillermo Piro, en su ensayo “Pinocho y Collodi”  (que recomiendo a los lectores) expresa y cita ideas poco románticas, o más bien exóticas, sobre el género literario “infantil”, al que instala en el sillón del siquiatra y considera de alguna manera, anormal, verdaderamente inquietante y paradójico:
“La literatura infantil es ‘rara’, adolece de una ‘rareza’ tan ‘rara’ como la ‘rareza. infantil. Al decir de Leopoldo María Panero, toda la literatura infantil tiene carácter esquizofrénico. Pero no toda la literatura infantil está tocada por ese ‘tufo benéfico’. Su ‘rareza’ consiste en que, según Todorov, en ella el terror se encuentra en todo el relato, y no sólo en una parte de él.
Cuando maese Cereza se desmaya, está atravesando el grado más tenue del terror. Luego pasará al miedo, total y extremo, que a su vez se volverá susto, ese escalofrío de lo ininteligible.
“En ‘Las aventuras de Pinocho’, las cárceles sólo sirven para acoger inocentes. Las prisiones no tienen nada que ver con la justicia, abstracta y enfática, sino con la ley. Hay pocos signos de que ésta sea una historia verdaderamente italiana, pero la paradoja judicial vuelve superfluo cualquier comentario. (Personaje kafkiano, Pinocho recurre a la justicia porque ha sido robado, y acaba en la cárcel. El joven Emperador, que acaba de obtener ‘una victoria sobre sus enemigos’, ordena que se abran las cárceles para que salgan de ellas todos los ‘malandrines’. Pinocho ‘no es de ésos’, por lo tanto no puede salir. Pero entonces el muñeco ‘miente’, dice que él también es un malandrín, y entonces es puesto en libertad. Ni el mismo Pinocho advierte que no está diciendo una mentira, dado que la nariz conserva su tamaño. Él es un malandrín que se ignora a sí mismo como tal.) Los animales entran en esta historia paulatinamente, primero como insultos -la pelea entre Geppetto y maese Cereza-, como similitudes en la descripción del modo de correr del muñeco, y luego como seres parlantes, a quienes Pinocho entiende y con quienes puede mantener diálogos extremadamente educativos. El gran sueño infantil es la rebelión y la fuga. Pinocho habla en nuestra lengua cuando le dice al Grillo parlante aquellas palabras que al menos una vez en la vida nos oímos decir a nosotros mismos: ‘mañana, al amanecer, me iré de aquí’”. (Guillermo Piro “Pinocho y Collodi”).
En esta recopilación de juicios de antología no puede faltar la interpretación del texto en clave religiosa o antirreligiosa que propone Sergio Martella:
“El descubrimiento del sustrato moral que inspira Pinocho, su exorcismo del precepto cristiano, tiene ya de por sí un valor literario. Para Sergio Martella, autor de ‘Pinocchio, eroe anticristiano’, las desventuras de Pinocho reflejan en sentido inverso el calvario del hijo. Las analogías son innumerables, Pinocho nace del amor de su padre, es plasmado en un pedazo de madera (la historia de Pinocho nace donde termina la de Cristo: en la madera) y después de una serie de tribulaciones llega a convertirse en un ser humano. Sólo después de la muerte Cristo accede a la identificación paterna; Pinocho en cambio es la directa creación del padre. Uno se llama José -Giusseppe- el otro, G(ius)eppetto. Ambos son carpinteros. El Espíritu Santo estaría presente en la voz de la conciencia representada por el Grillo parlante. Pero en este caso es él quien termina ‘crucificado’, aplastado contra una pared por un martillo que, por una especie de Némesis de la materia, es de madera. La parodia del mito cristiano sigue con la analogía de las monedas de oro, que se refiere a la traición de Judas y al engaño; el Huerto de los Olivos tiene su correspondencia en el Campo de los Milagros”.
Sin embargo “no se hace una referencia, ni por error, a la idea de Dios o a algún precepto religioso. Pinocho es incapaz de desarrollar un sentido religioso a su existencia: sabe cómo y por quién ha sido generado, tiene recuerdos de ello”. (Pinocho y Collodi / Guillermo Piro).

Para los que crean o tengan fe en la religión de la literatura o la poesía (como decía Domingo Moreno Jimenes) el párrafo final del texto de Guillermo Piro es lo que se llama un cierre con broche de oro:
“Pinocho no es un libro más, sino un libro sobre el dolor y la derrota y la perseverancia. Los personajes de las fábulas no existen, pero son necesarios. Necesitamos tanto de aquellos que intervienen diariamente en nuestra vida como de aquellos que no tienen nada que ver con nosotros. Aunque no hicieran absolutamente nada, las hadas servirían para reprimir nuestra implacable desnaturalización de la naturaleza. Pero en realidad hacen mucho más que eso. Las fábulas nos cuentan mucho sobre los seres humanos, sobre la sorpresa elemental del hombre ante el mundo, sobre sus temores, sus misterios, sus pérdidas, sus cambios”. (Pinocho y Collodi / Guillermo Piro)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario